Trucos de los supermercados para que compremos más


ESTADOS UNIDOS.- Cuando los supermercados llegaron a algunas ciudades, a la gente le daba miedo tomar los productos y ponerlos en sus carritos de mercado pues pensaba que la iban a regañar. Hoy en día, tenemos el problema opuesto: nos queda difícil resistir la tentación de llevarnos más de lo que necesitamos.



¿Por qué lo hacemos?

Quizás, al menos en parte, porque los supermercados son una zona de mercadotecnia meticulosamente planeada, en la que se invierten millones para encontrar la manera de que compremos más.

Fastidiosas estrategias de precios

A todos nos gustan las gangas, tanto que nuestros cerebros hasta experimentan placer ante la posibilidad de una oferta especial, pero ¿estamos realmente pagando un buen precio?

Lleve 3 y pague 2

¡Cuidado con las ofertas!

En este caso, el mecanismo es sencillo, y sin embargo, a veces caemos en trampas.

Si dos pasteles cuestan 4 pesos, dólares, soles o lo que sea juntos, y separados 2 cada uno, no es una ganga: es aritmética. Pero si el precio individual es 3, efectivamente se trata una oferta especial.

Los populares pierden

La mayoría de los consumidores sólo se saben el precio de unos 20 ítems esenciales, a los que se les conoce como “artículos conocidos de valor” (KVI, por sus siglas en inglés).

Las sensaciones de los supermercados

¿Cómo manipulan nuestros sentidos para lograr que compremos más?

Olfato

El olfato está fuertemente vinculado a la memoria, lo que lo hace una herramienta muy potente para la mercadotecnia.

En los supermercados, los olores evocan memorias placenteras y eso alienta la compra impulsiva.

Sabor

Al parecer, a todos nos gusta comer sin pagar: las investigaciones demuestran que al menos el 75% de la gente acepta muestras gratis cuando se las ofrecen.

A las compañías también les gusta darlas, pues pueden aumentar las ventas masivamente.

Sonido

¿Qué música estaba sonando la última vez que fuiste al supermercado?

Quizás no lo recuerdes pero podría haber influido en tu conducta.

La música lenta hace que la gente se quede más tiempo en los lugares. Eso le conviene a los supermercados, de manera que posiblemente el ritmo de lo que escuchaste no era rápido.


Fuente: BBC Mundo

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