Del estrés al bienestar financiero



"Una buena compañía ofrece excelentes productos y servicios, una gran empresa, además, se preocupa por hacer nuestro mundo un mejor lugar donde vivir." William Clay Ford Jr., presidente y visión empresarial de la Ford Motor Co.

Nueva vez, las discusiones en torno al salario mínimo y su inadecuado nivel en relación con la canasta básica llevan a la indignación de la opinión pública dominicana. Una molestia justificada, que no subsanaría ni siquiera un aumento del 40% del sueldo básico.

Según el Banco Central de la República Dominicana, en su Encuesta Nacional de Cultura Económica y Financiera, el 51% de las familias de ingresos más bajos (RD$8,000) no podrían cubrir los gastos fijos del hogar por más de una semana sin recurrir al endeudamiento o algún "lío".

La situación no es teórica. El 76% de esas familias de ingresos más bajos, que constituyen la mayoría de los hogares dominicanos, según la misma fuente y el mismo documento, de hecho no han podido equilibrar sus gastos e ingresos en algún momento del último año.

La situación tampoco se limita a los pobres. En los hogares con los ingresos más altos en la encuesta, 4 de cada 10 tampoco logran un balance económico.

Naturalmente, para solventar estos déficits, 7 de cada 10 hogares recurren... al endeudamiento (y por esto somos el tercer país a nivel mundial, según el Banco Mundial, que más recurre a prestamistas informales y usureros). De hecho, sólo el 19% tenía ahorros disponibles para enfrentar estos desequilibrios temporales.

Según la Asociación de Psicología Americana (APA), en Estados Unidos la principal causa de estrés para los norteamericanos son sus propias finanzas. El 71% admite vivir estresado financieramente.

Combine todo lo anterior, y la conclusión es obvia: gran parte de la familia dominicana vive bajo un nivel de estrés económico alto, preocupante y constante.

Implicaciones y soluciones

Más allá de las implicaciones humanas y sociales (que son las fundamentales), el impacto de esta "angustia financiera" en la productividad de una empresa, y de toda la economía, es grave.

¿Cuál es la efectividad laboral, por ejemplo, de un recurso humano que llega a su lugar de trabajo preocupado y trasnochado por una deuda, incierto de cómo pagará una factura médica, o pondrá el "diario" para la comida de mañana, o temeroso de que por culpa de un "turbocobros" su empleo esté en peligro?

Visto así, la responsabilidad de una empresa empieza (o debe empezar) con el bienestar financiero de sus colaboradores.

En Estados Unidos, el lugar de empleo es de los principales proveedores de orientación financiera. En nuestro país, según el estudio bancentraliano, "el lugar de trabajo o el empleador" son considerados guías financieros sólo por 5% de los encuestados. Compare: "Alguien con experiencia en su barrio", sin embargo, es consultado por un 14% de la muestra.

Más que una debilidad, estamos frente una gran oportunidad para fortalecer el rol del sector patronal como guía, orientador y facilitador de la mejoría financiera de sus recursos humanos más allá del simple y necesario aumento salarial.

A continuación, presentamos un modelo de doce pruebas que un empleador puede aplicarse para evaluar su real compromiso con el bienestar de su personal.

El patrón ilustrado

Primero, un empleador moderno presenta más de una opción a sus colaboradores, al ellos abrir sus cuentas de nómina para poderlos contratar, y evitar que se conviertan en "leprosos bancarios".

Segundo, nuestro empleador integra un componente de educación financiera a su programa de inducción o ingreso para nuevos empleados, aprovechando esa oportunidad para que quienes comienzan a generar ingresos por primera vez los administren lo mejor posible.

Tercero, un patrón ilustrado permite, facilita y motiva a sus empleados (voluntariamente) a ampliar la cobertura de sus seguros de vida y de salud, como una forma idónea de mitigar esos riesgos.

Cuarto, bajo un ambiente de confidencialidad, el empleador llegará a acuerdos con TransUnion y DataCredito para facilitar el monitoreo y la educación de los "scores" de crédito de sus empleados, de una forma ágil, económica y periódica.

Quinto, el empleador revisará las oportunidades de financiamiento que reciben sus empleados, sea por descuentos de nómina, cooperativas o usureros, para prever cualquier situación de endeudamiento extremo, orientándoles concreta y específicamente en torno a ese riesgo.

Sexto, un empleador moderno no "desechará" a un colaborador que se encuentre bajo estrés económico. Más bien facilitará recursos educativos y de asesoría puntuales para ayudar a esos empleados a sobreponer esa coyuntura, incluso facilitando apoyo económico puntual, quizás condicionado al aprovechamiento de los recursos de apoyo ya mencionados.

Séptimo, el empleador establecerá alianzas estratégicas con los bancos administradores de las cuentas de nómina, las compañías de seguro, de riesgos de salud y de fondos de pensiones, valores e inversiones, para establecer un programa de orientación continua permanente.

Octavo, el patrón apoyará a los suyos en situaciones financieras concretas (como la adquisición del primer vehículo, del primer hogar o de un hijo) con recursos educativos (guías, charlas, páginas web), y en la obtención de las mejores condiciones bancarias de forma grupal.

Noveno, el empleador inducirá a sus empleados a planes específicos de ahorro programado. Por ejemplo, permitiéndoles deducciones automáticas, al pagar la nómina para dirigirlo a cuentas especializadas con las metas del trabajador, quizás integrando algún incentivo financiero adicional, aunque sea simbólico.

Décimo, el empleador diseñara sus sistemas de compensación e incentivos, de tal forma, que se incentive el diferimiento del ahorro del empleado para que no sea gastado inmediatamente. Por ejemplo, permitiendo "fondos" de bonificaciones que no sean tratados como parte del ingreso de nómina ordinario o mensual.

Onceavo: Nuestro patrón hablará claramente a sus empleados sobre las limitaciones del actual sistema de pensiones, y presentará e impulsará alternativas de ahorro previsional voluntario.

Finalmente, el patrón conocerá, por encuestas periódicas a sus colaboradores su real nivel de bienestar (o estrés) financiero, y diseñará planes para consolidar o mejorarlos. A partir de ahora. Amén.

Fuente;argentarium

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